Un término que muy seguido escucho
en condiciones de confusión es el de Humanismo (y humanista) en
el sentido de que se les aplica, supuestamente, para designar una
actitud humanitaria o de humanitarismo de parte de una persona o
una institución.
Humanista
es la persona que preactica el humanismo; vale decir, está asistida
por un rango de cultura muy elevado que parte del conocimiento de
la lengua latina y de la griega; idiomas (permítaseme usar ese término),
hablados y escritos, con los que discurrió y transitó a través de
la literatura griega y latina. Dicho en otras palabras, leyó en
sus lenguas originales a los clásicos ya citados; o bien, es una
persona cuya cultura lo hace beneficiario inmediato de esos antiguos
textos como base de un conocimiento actualizado, profundo y racionalizado
de las lenguas derivadas de aquéllas, como son las lenguas romances
en sus variantes distintas como son las germánicas.
Humanistas egregios en
el mundo de la cultura universal, lo fueron Pico della Mirandola
(1463-1494) filósofo y erudito de finales de la Edad Media quien
hablaba el griego, el latín caldeo, el árabe y el provenzal. Murió
envenenado -por la envidia que despertó- su secretario quien era
espía del monje Savonarola. En México, según el maestro Juan José
Arreola, el humanista de nuestro tiempo lo fue Alfonso Reyes quien
dominaba muchas lenguas y era un excelente grecista y latinista.
En Zapotlán, el último humanista sería el presbítero don Manuel
Munguía porque domina el griego y el latpin y a quien felicité el
otro día por haberle dedicado, este año, la comuna zapotlense su
nombre a todos los documentos oficiales.
El
padre se declaró inmerecedor de tal honor el cual no le había sido
comunicado oficialmente. Su humildad lo hizo sentirse fuera del
contexto de toda vanidad. Citó una frase en latín: ¨Soli Deo Honor
et Gloria¨. Creo que es de Timoteo. Luego se mostró temeroso de
aceptar tal designación y pronunció otra máxima en latín cuya traducción
es más o menos así: ¨Yo (Dios) no comparto mi gloria con nadie¨.
Bien, pero volvamos ahora con el otro término con el cual muy seguido
políticos, candidatos y burócratas se confunden: humanitario, humanitarismo.
Humanitaria es una persona que ejerce una especie de piedad, de
compasión en su trato y acciones para con los demás. Ejemplo: un
médico que es caritativo, procura con maniobras quirúrgicas disminuir
el dolor físico, vale decir, humano, es una persona humanitaria.
Explicado
lo anterior, podríamos hacer la pregunta siguiente: ¿pueden caber
ambas virtudes (humanismo) y humanitarismo en una misma persona?
Indudablemente que sí. El maestro Arreola citaba entre sus textos
preferidos uno titulado ¨Correspondencia desde un ángulo a otro¨
(Entre M.O. Gerschenson y V.I. Ivanov). Estos dos escritores, estando
en un hospital de campaña, después de las masacres que trajo consigo
la Revolución Rusa, reponiéndose físicamente, comienzan a enviarse
una carta diaria pues sus camas están en un enorme y frío galpón
en las afueras de Moscú. En esas cartas está definido para entonces
y para siempre la filosofía de Humanismo y la postura de humanitarismo.
Lástima que sea una edición difícil de conseguir para el lector
común puyes estas letras están incluídas en la ¨Revista de Occidente¨
dirigida por don José Ortega y Gasset y fueron publicadas antes
de la guerra civil.
A mí me entró, en
estos días agoreros del mes de marzo, un viento de humanismo que
yo calificaría, de una racha que no llega a ventarrón. He vuelto
a tomar en mis manos un libro clásico: ¨Comentarios a la Guerra
de las Galias¨ de Julio César (101-44 a. de C.) (¨De Bello Gallico¨,
en latín) y que leí hace muchos años cuando sobrevivía como estudiante
en una casona de asistencia.
He
podido comprobar una cosa: yo no puedo ser humanista: he olvidado
el poco latín que sabía y que mi padre me enseñó a punta de azotes.
Ya no soy el mismo que era hace 40 años, cuando leí por primera
vez este libro. Pero pese a todas mis deficiencias y limitaciones,
el libro me ha vuelto a atrapar en su lectura. He vuelto a llorar
en el capítulo VII cuando en el sitio de Alesia es derrotado y humillado
Vercingétorix, el valiente jefe galo, ante el poder de César. Concluyo:
no puedo ser humanista; pero creo ser humanitario. Al menos eso
es lo que espero...