Año 4 No. 169 Tamazula de Gordiano, Jalisco Sábado 23 de marzo del 2002
 

De Vicente Preciado Zacarías

  Un término que muy seguido escucho en condiciones de confusión es el de Humanismo (y humanista) en el sentido de que se les aplica, supuestamente, para designar una actitud humanitaria o de humanitarismo de parte de una persona o una institución.

      Humanista es la persona que preactica el humanismo; vale decir, está asistida por un rango de cultura muy elevado que parte del conocimiento de la lengua latina y de la griega; idiomas (permítaseme usar ese término), hablados y escritos, con los que discurrió y transitó a través de la literatura griega y latina. Dicho en otras palabras, leyó en sus lenguas originales a los clásicos ya citados; o bien, es una persona cuya cultura lo hace beneficiario inmediato de esos antiguos textos como base de un conocimiento actualizado, profundo y racionalizado de las lenguas derivadas de aquéllas, como son las lenguas romances en sus variantes distintas como son las germánicas.

     Humanistas egregios en el mundo de la cultura universal, lo fueron Pico della Mirandola (1463-1494) filósofo y erudito de finales de la Edad Media quien hablaba el griego, el latín caldeo, el árabe y el provenzal. Murió envenenado -por la envidia que despertó- su secretario quien era espía del monje Savonarola. En México, según el maestro Juan José Arreola, el humanista de nuestro tiempo lo fue Alfonso Reyes quien dominaba muchas lenguas y era un excelente grecista y latinista. En Zapotlán, el último humanista sería el presbítero don Manuel Munguía porque domina el griego y el latpin y a quien felicité el otro día por haberle dedicado, este año, la comuna zapotlense su nombre a todos los documentos oficiales.

         El padre se declaró inmerecedor de tal honor el cual no le había sido comunicado oficialmente. Su humildad lo hizo sentirse fuera del contexto de toda vanidad. Citó una frase en latín: ¨Soli Deo Honor et Gloria¨. Creo que es de Timoteo. Luego se mostró temeroso de aceptar tal designación y pronunció otra máxima en latín cuya traducción es más o menos así: ¨Yo (Dios) no comparto mi gloria con nadie¨. Bien, pero volvamos ahora con el otro término con el cual muy seguido políticos, candidatos y burócratas se confunden: humanitario, humanitarismo. Humanitaria es una persona que ejerce una especie de piedad, de compasión en su trato y acciones para con los demás. Ejemplo: un médico que es caritativo, procura con maniobras quirúrgicas disminuir el dolor físico, vale decir, humano, es una persona humanitaria.

           Explicado lo anterior, podríamos hacer la pregunta siguiente: ¿pueden caber ambas virtudes (humanismo) y humanitarismo en una misma persona? Indudablemente que sí. El maestro Arreola citaba entre sus textos preferidos uno titulado ¨Correspondencia desde un ángulo a otro¨ (Entre M.O. Gerschenson y V.I. Ivanov). Estos dos escritores, estando en un hospital de campaña, después de las masacres que trajo consigo la Revolución Rusa, reponiéndose físicamente, comienzan a enviarse una carta diaria pues sus camas están en un enorme y frío galpón en las afueras de Moscú. En esas cartas está definido para entonces y para siempre la filosofía de Humanismo y la postura de humanitarismo. Lástima que sea una edición difícil de conseguir para el lector común puyes estas letras están incluídas en la ¨Revista de Occidente¨ dirigida por don José Ortega y Gasset y fueron publicadas antes de la guerra civil.

     A mí me entró, en estos días agoreros del mes de marzo, un viento de humanismo que yo calificaría, de una racha que no llega a ventarrón. He vuelto a tomar en mis manos un libro clásico: ¨Comentarios a la Guerra de las Galias¨ de Julio César (101-44 a. de C.) (¨De Bello Gallico¨, en latín) y que leí hace muchos años cuando sobrevivía como estudiante en una casona de asistencia.

          He podido comprobar una cosa: yo no puedo ser humanista: he olvidado el poco latín que sabía y que mi padre me enseñó a punta de azotes. Ya no soy el mismo que era hace 40 años, cuando leí por primera vez este libro. Pero pese a todas mis deficiencias y limitaciones, el libro me ha vuelto a atrapar en su lectura. He vuelto a llorar en el capítulo VII cuando en el sitio de Alesia es derrotado y humillado Vercingétorix, el valiente jefe galo, ante el poder de César. Concluyo: no puedo ser humanista; pero creo ser humanitario. Al menos eso es lo que espero...

Travieso Informativo
El Travieso Deportivo
Sociales

Esquelas

 

Envía tus saludos a la siguiente dirección
saludostraviesos@hotmail.com

 


 
©2001 El Travieso Nueva Epoca. Todos los Derechos Reservados

Diseño: Mehua Ideas