Año 4 No. 169 Tamazula de Gordiano, Jalisco Sábado 23 de marzo del 2002
 

Continuación


Novela de:
Agustín Torres Gutíerrez

 

 

 

 

 

 

    Enrique pensó rifársela, no se iba a dejar llevar como corderito al matadero y en un centellante movimiento se hizo del arma de un policía y con ella disparó, matando a dos, ellos eran cinco y los otros tres se protegieron y al mismo tiempo hicieron fuego, los disparos le pegaron a Enrique en el brazo donde tenía el arma, otro disparo le dio en una pierna, con esto lo dejaron inmovilizado, pero aún herido quería seguir luchando pero los policías lo diezmaron a golpes, lo amarraron de las manos y entre ellos lo subieron al caballo. También cargaron a los policías muertos.

     Hora y media después llegaron a Atepayan, la gente los veía pasar y comentaban: -"Seguramente "El miralejos" los mató, por eso lo llevan amarrado". Llegaron a la comandancia de policía y lo metieron a empellones, él no podía caminar por tener el pie destrozado y arrastrando lo llevaron hasta la oficina del comandante. Éste lo vio entrar todos ensangrentados y preguntó: "Qué pasó cabo, ¿por qué vienen así?", -"El muy hombrecito opuso resistencia, mató a dos de los nuestros y tuvimos que repelar la agresión". -"Bien hecho, así se trata a los malditos, con esto tiene para varios años en la cárcel, llévenlo a una celda incomunicado y que vaya un doctor a curar sus heridas". -"Señor comandante, quiero hablar con el Señor Cura Zacarías", -dijo Enrique. -"Pero hoy no se va a poder, quedarás incomunicado hasta que juez decida lo que hará contigo".

      Cuando se llevaron a Enrique a la celda, el cabo de mando le dijo al comandante: "La abuelita de ese individuo está muerta, él alega que alguien la mató". -"Regresa al rancho e investiga cómo murió esa señora, de pasada avisa al sepulturero que lleve un ataúd y que la entierre donde reposan sus deudos".

   El cabo de policía hizo todo lo que le habían ordenado y al oscurecer regresó con el informe. "Señor investigué el caso de la señora muerta, al parecer no hay delito que perseguir, porque no encontré rastro de violencia, el cuerpo no presentaba ningún golpe, pienso más bien que fue un ataque cardiaco". -"Así lo asentaremos en el acta correspondiente, por hoy vete a descansar y tómese libre el día de mañana". -"Gracias señor comandante".

      Luego el comandante descolgó el teléfono y se comunicó con Eustolio Alonso, este respondió: "Sí, bueno, ¿quién habla?" -"Soy el comandante Evaristo" -"Dime Evaristo, ¿qué hay de nuevo?" -"Que tengo a Enrique Damián tras las rejas, sólo que la cosa estuvo fea, el muchacho opuso resistencia y mató a dos de mis hombres". -"Ya te había dicho yo que ese Enrique era bien peligroso, pero siquiera ya está bien guardadito". -"Pasaré el caso al agente del ministerio público y al juez, para que ellos decidan lo que se deba hacer con ese asesino, ¿quieres tú declarar algo? -"Sí como no, mañana a primera hora me entrevisto con ellos" -"Bueno, pues es todo, hasta luego Eustolio" -"Luego nos miramos Evaristo". Y colgaron el teléfono.

     Eustolio se frotó las manos en señal de triunfo y se dijo para si: "Esto me va saliendo mejor de lo planeado" -Volvió a tomar el teléfono, esta vez se comunicó a la casa del juez, él mismo le respondió: -"Si bueno, ¿quién habla?" -"Soy Eustolio" -"Hola Eustolio, ¿cómo estás, qué deseas?" -"El comandante tiene detenido a un individuo que quiso pasarse de listo conmigo" -"Mira Eustolio, ven a mi casa, acá hablamos" -"En unos minutos estoy contigo".

     El juez de nombre Elías, era un perfecto corrupto, vivía la vida con exagerado lujo, una casa con todas las comodidades, tomaba vino de los mejores, su esposa y su hija no se quedaban cortas, al vestir y colgarse al cuello las mejores alhajas y esto cuesta, nadie lo regala, ¡Bueno le cuesta al que ocupa un favor! Por ejemplo, Eustolio para ir a la casa del juez tuvo que llevar un par de botellas de las mejores que tenía en su cantina, también llevó un alterito de billetes de alta nominación.

      Cuando llegó a la casa fue recibido como un diplomático, la hija del juez, llamada Mercedes, una muchacha solterona de unos treinta y cinco años de edad, con algunos kilos de más, o sea "gordita". Ella salió a recibirlo, pues tenía algo de interés en Eustolio, éste a pesar de sus cuarenta y dos años seguía soltero.

      "Pasa Eustolio estás en tu casa" -"Gracias Meche, ¿cómo estás? -"Bien Eustolio, sólo que mañana empiezo a ponerme a dieta" -"Pero para qué muchacha, así estas bien". -"Verdad que sí, yo le digo a mi mamá, pero ella insiste".

      Mientras platicaban llegaron a la sala, Esutolio saludó de mano. -"Buenas noches doña Otilia" -"Buenas noches Eustolio, toma asiento" -"Buenas noches Elías" -"Buenas noches Eustolio, llegas a tiempo para cenar". -"Precisamente te traje estas botellas, a ver si te gustan".

      El juez tomó las botellas y les dio una mirada, y destapándolas les sirvió una copa, él se llevó la suya a la boca, paladeando el primer trago y dijo: "¡Es estupendo, exquisito!" -Levantando las copas todos brindaron. Estuvieron conversando unos y otros, cosas sin importancia, cuando vaciaron la primera botella el juez pidió le sirvieran la cena. Cenaron en silencio, sólo el ruido de los cubiertos y el burbujeo de las copas al ser servidas. Terminada la cena, el juez aún con la copa en la mano le dijo a Eustolio: "Vamos a mi despacho, ahí me cuentas lo que me decías por teléfono" -Pasaron al despacho, Eustolio llevaba un pequeño portafolio que no había dejado ni aún para cenar, y sin esperar a que se sentara el juez le dijo: "Te traigo otro regalito". -El juez viendo por arriba de sus gafas y abriendo el portafolio se le iluminó la vista al ver de lo que se trataba y comentó: "Tú siempre molestándote Eustolio" -y guardó el portafolio en su escritorio...

Continuará...

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