Enrique pensó rifársela,
no se iba a dejar llevar como corderito al matadero y en un centellante
movimiento se hizo del arma de un policía y con ella disparó, matando
a dos, ellos eran cinco y los otros tres se protegieron y al mismo
tiempo hicieron fuego, los disparos le pegaron a Enrique en el brazo
donde tenía el arma, otro disparo le dio en una pierna, con esto
lo dejaron inmovilizado, pero aún herido quería seguir luchando
pero los policías lo diezmaron a golpes, lo amarraron de las manos
y entre ellos lo subieron al caballo. También cargaron a los policías
muertos.
Hora y media después llegaron
a Atepayan, la gente los veía pasar y comentaban: -"Seguramente
"El miralejos" los mató, por eso lo llevan amarrado". Llegaron a
la comandancia de policía y lo metieron a empellones, él no podía
caminar por tener el pie destrozado y arrastrando lo llevaron hasta
la oficina del comandante. Éste lo vio entrar todos ensangrentados
y preguntó: "Qué pasó cabo, ¿por qué vienen así?", -"El muy hombrecito
opuso resistencia, mató a dos de los nuestros y tuvimos que repelar
la agresión". -"Bien hecho, así se trata a los malditos, con esto
tiene para varios años en la cárcel, llévenlo a una celda incomunicado
y que vaya un doctor a curar sus heridas". -"Señor comandante, quiero
hablar con el Señor Cura Zacarías", -dijo Enrique. -"Pero hoy no
se va a poder, quedarás incomunicado hasta que juez decida lo que
hará contigo".
Cuando se llevaron
a Enrique a la celda, el cabo de mando le dijo al comandante: "La
abuelita de ese individuo está muerta, él alega que alguien la mató".
-"Regresa al rancho e investiga cómo murió esa señora, de pasada
avisa al sepulturero que lleve un ataúd y que la entierre donde
reposan sus deudos".
El cabo de policía hizo todo lo que
le habían ordenado y al oscurecer regresó con el informe. "Señor
investigué el caso de la señora muerta, al parecer no hay delito
que perseguir, porque no encontré rastro de violencia, el cuerpo
no presentaba ningún golpe, pienso más bien que fue un ataque cardiaco".
-"Así lo asentaremos en el acta correspondiente, por hoy vete a
descansar y tómese libre el día de mañana". -"Gracias señor comandante".
Luego el comandante
descolgó el teléfono y se comunicó con Eustolio Alonso, este respondió:
"Sí, bueno, ¿quién habla?" -"Soy el comandante Evaristo" -"Dime
Evaristo, ¿qué hay de nuevo?" -"Que tengo a Enrique Damián tras
las rejas, sólo que la cosa estuvo fea, el muchacho opuso resistencia
y mató a dos de mis hombres". -"Ya te había dicho yo que ese Enrique
era bien peligroso, pero siquiera ya está bien guardadito". -"Pasaré
el caso al agente del ministerio público y al juez, para que ellos
decidan lo que se deba hacer con ese asesino, ¿quieres tú declarar
algo? -"Sí como no, mañana a primera hora me entrevisto con ellos"
-"Bueno, pues es todo, hasta luego Eustolio" -"Luego nos miramos
Evaristo". Y colgaron el teléfono.
Eustolio se frotó
las manos en señal de triunfo y se dijo para si: "Esto me va saliendo
mejor de lo planeado" -Volvió a tomar el teléfono, esta vez se comunicó
a la casa del juez, él mismo le respondió: -"Si bueno, ¿quién habla?"
-"Soy Eustolio" -"Hola Eustolio, ¿cómo estás, qué deseas?" -"El
comandante tiene detenido a un individuo que quiso pasarse de listo
conmigo" -"Mira Eustolio, ven a mi casa, acá hablamos" -"En unos
minutos estoy contigo".
El juez de nombre
Elías, era un perfecto corrupto, vivía la vida con exagerado lujo,
una casa con todas las comodidades, tomaba vino de los mejores,
su esposa y su hija no se quedaban cortas, al vestir y colgarse
al cuello las mejores alhajas y esto cuesta, nadie lo regala, ¡Bueno
le cuesta al que ocupa un favor! Por ejemplo, Eustolio para ir a
la casa del juez tuvo que llevar un par de botellas de las mejores
que tenía en su cantina, también llevó un alterito de billetes de
alta nominación.
Cuando llegó
a la casa fue recibido como un diplomático, la hija del juez, llamada
Mercedes, una muchacha solterona de unos treinta y cinco años de
edad, con algunos kilos de más, o sea "gordita". Ella salió a recibirlo,
pues tenía algo de interés en Eustolio, éste a pesar de sus cuarenta
y dos años seguía soltero.
"Pasa Eustolio
estás en tu casa" -"Gracias Meche, ¿cómo estás? -"Bien Eustolio,
sólo que mañana empiezo a ponerme a dieta" -"Pero para qué muchacha,
así estas bien". -"Verdad que sí, yo le digo a mi mamá, pero ella
insiste".
Mientras platicaban
llegaron a la sala, Esutolio saludó de mano. -"Buenas noches doña
Otilia" -"Buenas noches Eustolio, toma asiento" -"Buenas noches
Elías" -"Buenas noches Eustolio, llegas a tiempo para cenar". -"Precisamente
te traje estas botellas, a ver si te gustan".
El juez tomó
las botellas y les dio una mirada, y destapándolas les sirvió una
copa, él se llevó la suya a la boca, paladeando el primer trago
y dijo: "¡Es estupendo, exquisito!" -Levantando las copas todos
brindaron. Estuvieron conversando unos y otros, cosas sin importancia,
cuando vaciaron la primera botella el juez pidió le sirvieran la
cena. Cenaron en silencio, sólo el ruido de los cubiertos y el burbujeo
de las copas al ser servidas. Terminada la cena, el juez aún con
la copa en la mano le dijo a Eustolio: "Vamos a mi despacho, ahí
me cuentas lo que me decías por teléfono" -Pasaron al despacho,
Eustolio llevaba un pequeño portafolio que no había dejado ni aún
para cenar, y sin esperar a que se sentara el juez le dijo: "Te
traigo otro regalito". -El juez viendo por arriba de sus gafas y
abriendo el portafolio se le iluminó la vista al ver de lo que se
trataba y comentó: "Tú siempre molestándote Eustolio" -y guardó
el portafolio en su escritorio...