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¿De qué sirvió la tardadísima y costosa obra conocida popularmente como “el kiosquito de oro”?, que aparte de haberse convertido en un monumento a la irresponsabilidad y al derroche, por no haber servido para nada, todavía hubo que demolerlo con maquinaria la madrugada del fin de semana pasado, como se hacen todas las cosas indebidas, hasta convertir en polvo los 270,000 pesos que presuntamente costó. ¿No sería bueno que ese dinero lo pagaran de su bolsa aquellos gobiernos que toman tantas decisiones equivocadas? |