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Agustín Torres Gutíerrez
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“Esto no se va a quedar así”. Dijo el abogado Lozano. – “Lo mismo digo yo –respondió Santiago- haz lo que quieras y atente a las consecuencias”.
El abogado salió enfurecido de las oficinas de Santiago, Luciano y Claudio también salieron pero callados y cabizbajos, luego Santiago se comunicó por teléfono a la casa de los Miranda, ahí le contestó Conrado, el más difícil de la familia. – “Sí bueno ¿quién habla?”. – “Yo Santiago, me acabo de enterar de la muerte de Georgina”. – “No seas cínico Santiago, si precisamente tú tienes que ver en su muerte”. – “Pues aunque ustedes no lo crean el asesino no soy yo, aunque ganas me sobraban después de saber lo que me hizo”. – “Pues no se te ocurra ponerte en mi presencia porque te aseguro que la pasarás muy mal”. – “Todos ustedes váyanse al diablo”, dijo Santiago y colgó el teléfono.
Iba a salir de su oficina cuando fue intersectado por dos agentes policíacos, ellos le enseñaron sus placas: “Señor Beltrán, queda usted detenido como principal sospechoso de las muertes de Georgina Miranda y de Enrique Hernández, si nada debe nada tiene que temer, sólo que hay una denuncia en su contra, así es de que vamos”.
Cuando los agentes llegaron a la delegación con Santiago, lo pasaron a la presidencia del comandante: “Aquí tiene su encargo señor comandante”, dijo uno de los agentes. – “Gracias muchachos, déjenme solo con el acusado”. – “Tome asiento señor Beltrán, hay una denuncia en su contra, donde lo señalan como responsable de las muertes de Georgina Miranda y de Enrique Hernández”. – “¿Quién hizo la denuncia señor comandante?” – “Alfredo y Conrado Miranda”. – “Ellos están equivocados señor comandante”. – “¿Puedo demostrar su inocencia?”.
Santiago iba a hablar, a decir lo que había ocurrido pero optó por quedarse callado, nadie le creería su versión. – “Señor Beltrán, usted permanecerá detenido mientras se hacen las averiguaciones, yo le aconsejo se haga de un buen abogado para que lo defienda”. – “¿Me permite hablar por teléfono?” – “Hágalo”.
Santiago levantó el auricular y marcó unos números, al otro lado de la línea el abogado Fuentes contestó. Santiago le contó lo ocurrido al abogado Fuentes y éste le dijo que de inmediato iría a entrevistarse con él. Luego Santiago desde el mismo teléfono se comunicó a la casa de sus padres y a don Alejo le contó lo sucedido, éste también le dijo que iría para allá.
Hernando Fuentes era un abogado de mucho prestigio y cuando llegó a entrevistarse con Santiago el caso ya había sido turnado al juez de lo criminal, el juez y el abogado Fuentes eran muy amigos, habían estudiado juntos en la misma universidad.
El abogado llegando a las oficinas del juez le saludó: “Buenas tardes Faustino”. – “Pasa Hernando, buenas tardes”. Se saludaron de manos: “¿Qué se te ofrece?” – “Se que tienes detenido a Santiago Beltrán ¿pues qué hizo?” – “Se le acusa de dar muerte a la que fuera su esposa y al doctor Enrique Hernández”. – “¿Me permites pasar a hablar con él?” – “Desde luego, que te acompañe un policía”.
El abogado Fuentes llegó a donde se encontraba Santiago y le saludó de manos: “A tus órdenes Santiago, ¿ya sabes porqué estás detenido?” – “Sí abogado, pero yo no cometí ese crimen”. – “Entonces porqué se te acusa, cuéntame algo que se relacione a lo de tu difunta esposa”.
Santiago le platicó al abogado parte de la historia de su esposa, aún le dijo que ese día había ido al departamento del doctor para acabar con ellos, pero cuando llegué encontré los cuerpos ensangrentados, alguien había acabado con ellos y ese alguien se me había adelantado, no se quién haya sido pero ese alguien me ahorró el trabajo”. – “¿A qué horas fue eso?” – “Cerca de las 10 de la noche”. – “Si cuentas esa versión nadie te la va a creer, hay que fabricar una coartada, decir que a esa hora te encontrabas en otro lugar, vamos a correr el riesgo de que no te apliquen el detector de mentiras”. Y así entre ellos, convinieron la estrategia a seguir, se despidieron.
CONTINUARÁ...
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